Requiem para palomas

Published on January 27, 2005 00:00
Daniel El Berlines me envío interesantísimos datos sobre el cuidado de palomas y otras aves. Lamentáblemente, la história no tiene final feliz. Reproduzco lo que le contaba a Daniel:

 (Las tórtolas) Pasaron una noche en el living, en una caja (se escaparon dos veces). Les compré alimento especial y comían (y cagaban) que da gusto. Hoy en la tarde se escaparon de nuevo (se ponen a mirar por la ventana con añoranza). Las tomé con la mano y las metí a la caja, que tapé con un cojin amarillo que me regalaron. Me puse a trabajar y al rato sentí que me picaba la mano. Había un bichito minúsculo que caminaba por mi brazo (me imaginé que para él o ella mis pelos debían ser como un bosque, mira las cosas que se imagina uno!). Nunca sabremos qué se imaginaba el bichito porque murió aplastado. Al rato me encontré otro que sufrió el mismo destino. Y otro. Y otro. Por ese entonces no había otra explicación al repentino ataque de insectos: las palomas tienen parásitos. Para comprobar mis sospechas fui al living y levanté el cojín amarillo que tapaba la caja de las aves: por su cara inferior estaba lleno de los mentados bichitos del demonio.
Me puse blanco como el papel, y en un frenesí de histéria ("Me van a pegar el tifus y la disentería! Las palomas transmiten el HANTA?? Cuántos bichos de mierda ya me abré tragado, y cuántos me abran entrado ya por las orejas!?"). Tomé la caja y bajé a la calle. Las dejé en su caja, semiabierta, en el mismo lugar donde las encontré. Se me partió el alma, pero el riesgo de conservarlas en considerable.  Les dejé comida y si maniana aún viven lo haré de nuevo. Cuando volví a subir sumergí el living en cloro y el cojín amarillo y el covertor del sillón en una bolsa de basura, en cuarentena para la lavandería.

Me he lavado los brazos hasta arriba un sinnúmero de veces pero todavía siento que me pica todo.

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