En verdad el trato no podrÃa ser mejor: es el tipo de cargo que andaba buscando, en los horarios que andaba buscando, la plata que andaba buscando e incluso el barrio que andaba buscando. En la calle Nueva York del Centro de Santiago, es lo más cercano a Manhattan que nunca tendremos.
Se acaba el regateo con clientes, las noches de trabajo, los fines de semana de trabajo, la insoportable construcción frente a mi estudio desde las 8 am hasta las 6 pm, las demoras de los pagos, la falta de colegas, hablar conmigo mismo y, más precupante, con mi computador.
También se acaban los almuerzos largos en mi casa, sobre todo las visitas a almorzar de la Sachi (es lo que más lamento), el horario flexible y una que otra siesta por aquà y por allá. En la vida hay que transar.
Pero para resumir estoy muy feliz. No tengo nada de qué quejarme con respecto al nuevo trabajo (de hecho es más de lo que esperaba en muchos aspectos) y sólo espero estar a la altura y que haya un buen ambiente de trabajo.
En este preciso momento estoy haciendo el baile de la felicidad. El baile de la felicidad consiste en juntar las dos manos separadas del cuerpo, a la altura del pecho, y moverlas juntas en cÃrculos horizontales como quien bate un caldero o cazuela. Las caderas se mueven suavemente en el mismo sentido al tiempo que se sonrie.
IncluirÃa una foto del baile pero, francamente, no creo que nadie la quiera ver.