Muri� Pinochet. Agarr� la bicicleta y part� a mirar al Hospital Militar, primero, y a la Plaza Italia despues, donde se aglutinan partidarios y detractores respectivamente.
Como era de esperarse, la gran mayor�a de los reunidos en apoyo del ex general eran due�as de casa con el pelo te�ido y sobreabundancia de joyas. Me llam� la atenci�n la presencia de varios j�venes ABC1 de entre 20 y 25 a�os. Alguien tiene que hacer un estudio sociol�gico sobre la composici�n de los adherentes del ex-general.
La atmosfera estaba bastante tensa; la mult�tud coreaba por bajar la bandera a media asta (signo de duelo oficial, cosa que finalmente sucedi�), mucho grito peyorativo ("el que no salta es comunista y maric�n", en la cl�sica asociaci�n pol�tico-sexual de los sectores m�s irracionales de la derecha) y algo de violencia; a un tipo que se le ocurri� vociferar en contra le llovieron insultos y empujones, con menci�n especial para los gritos de "infiltrado comunista", en el mejor esp�ritu de la Guerra Fria.
En la Plaza Italia hay mucha m�s gente y el clima es mucho m�s festivo, con challas y cantos. El p�blico es m�s heterog�neo. El momento bizarro es la mini-parada de Pamela Giles en flamante Jeep amarillo, con gente vitoreandola y encaram�ndose al jeep.
Dentro de toda la euforia y las pasiones, es triste que no haya concluido ninguno de los juicios pendientes en contra del general. Como escuch� por ah�: la muerte le gan� a la justicia. M�s fotos en mi Flickr.
Sin lugar a dudas, el General Augusto Pinochet pasara a la historia por haber derrotado al marxismo. Esa es la sencilla razon que sus opositores todavia no asimilan, el no permitir que chile se convirtiera en una Cuba, o peor aun, en una Nicaragua de los años ochentas. VIVA PINOCHET, LIBERTADOR DE CHILE!!!!!!!
Hola me gusto tu blog ,,, con respecto a este tema te copio lo que lei en La segunda ... Saludos
SerÃa fácil caer en lugares comunes e intentar hacer apologÃas desde uno u otro bando.
SerÃa inútil tomar partido, añorando todo tiempo pasado o haciendo leña del árbol caÃdo.
SerÃa impropio y de mal gusto celebrar cuando una familia sufre, o callar de impotencia cuando otras atravesaron también por el dolor hace ya treinta años.
SerÃa falto de tino enaltecer en demasÃa a un ser como nosotros, polvo del polvo, tierra de la tierra, frágil como TODOS: humano, defectible, lleno de luces y de sombras
SerÃa poco feliz llenarnos la boca de encendidos discursos, y tratar de explicar, como jóvenes apasionados que fuimos (o que somos) apenas una parte de lo sucedido: Intentar atrapar lo inasible, o explicar paradójicamente lo inexplicable: el silencio.
Vislumbrar apenas aquello que no vemos, aquello que no vivimos en carne propia, o aquello que interpretamos desde nuestro prisma desajustado: esa eterna pieza de puzzle que siempre habrá de faltar.
Mientras las pantallas del mundo entero se disputan la noticia, mientras los diarios del planeta cambian a la carrera sus portadas e imaginan cuantos ejemplares más podrán vender, mientras Chile vuelve a estar por un par de dÃas en boca de todos…un hombre yace en silencio, en un profundo silencio.
Es un silencio ininteligible, un silencio lleno de eternidad.
Mientras eso sucede, algún oportunista tratará de vestirse de nuevo el traje de lÃder fiel que llevaba “in ilo temporeâ€. Su oponente, a su vez, tratará de reverdecer sus escarapelas de guerrillero, azuzando a las huestes de plaza Italia con una desabrida botella de champán en la mano y una arenga anacrónica en los labios.
Unos y otros se llenarán la boca de pomposas palabras. Pero sabemos que los rÃos más profundos son siempre los más silenciosos.
Mientras ellos gritan, mientras la verborrea se impone y los insultos se suceden, mientras se exacerba la tensión y las ya casi olvidadas diferencias vuelven a polarizarnos…un hombre descansa en silencio, en un profundo silencio.
Un silencio que se transforma en el espacio donde las cosas pueden ser reinterpretadas. Un silencio que es desafÃo y llamada al mismo tiempo.
Una invitación sutil y velada a la espera, al recogimiento, a la apertura, a lo eterno.
Ciertamente esa quietud deja atrás y supera la banalización de lo perenne, la farandulización en vivo del dolor, y nos invita a postergar la discusión valórica, polÃtica e ideológica, para un momento mejor: el momento apropiado, cuando estemos ya todos sentados a la mesa, cuando los ánimos se calmen y el tibio pan amasado de mano en mano sean el signo de la comunión recobrada entre hermanos.
Un hombre yace en medio de todos en silencio, en un profundo silencio.
Los pobres, los niños, los ancianos conocen muy bien ese lenguaje.
Entonces callemos.
Dejemos que ese silencio nos hable.
Dejemos que el silencio nos cuente a cada uno su propia historia: una historia que no termina en esta tierra…una historia que es un “disparo a la eternidadâ€.
(*)Psicólogo PUC, Pdte. Fundación por un Hombre Nuevo
Eso es lo que más me inquieta: la celebración de la muerte de un criminal en una condición de inocente, ya que, oficialmente no fue declarado culpable.
Excelente cobertura...
Nos vemos.